domingo, 15 de marzo de 2020

En cuarentena 1x14: Déjame que te cuente...

Hoy quiero compartir con vosotros un pequeño ensayo sobre las inspiraciones e intenciones de uno de los libros que más me ha ayudado en algunos de los días más grises de mi adolescencia, recomendado por mi madre en una mala temporada que se hubiese alargado en el tiempo de no ser por ciertas dosis de optimismo literario que me sacaron del hoyo gracias, entre otros muchos, a Déjame que te cuente, de Jorge Bucay. El libro como tal fue publicado por primera vez en 2002, aunque es una readaptación española del texto original del mismo autor, Recuentos para Demián, cuya primera edición en Argentina data de marzo de 1994. La versión analizada añade, entre otras cosas, un prólogo que relata el primer encuentro entre los dos personajes principales de la trama principal de la obra, que no es sino un compendio de fábulas y cuentos populares narrados de forma diegética (esto es, dentro de la propia historia) en un contexto muy determinado.

sábado, 14 de marzo de 2020

En cuarentena 1x13: Sobre el 'pop art' y el sueño americano

Vuelvo al tablao con las pilas cargadas (ver la nevera a reventar también ayuda) para surtiros con mis pequeñas aportaciones a la disipación del tema que preocupa a todo hijo de vecino, si bien está involuntariamente presente en el nombre de la sección que, en un principio, iba enfocado al tiempo de cuaresma. Más que curioso, aquí os dejo una reflexión al respecto. Este párrafo es todo lo que escribiré respecto al tema que nos agita en este blog, quien quiera profundizar en ello tiene sobrados rincones alternativos para ello (aunque si queréis informaros sin miedo a los bulos, os recomendaría alejaros un tiempo de internet).
¿Y de qué vamos a hablar hoy? Me he percatado de que a estas alturas aún no he compartido con vosotros ni una triste entrada de lo (poco) que he podido aprender en estos cinco años de carrera, centrándome en mis aficiones culturetas como principal motor de la temática bloguera. Por eso me ha parecido interesante dar el primer paso con una de las composiciones de las que más orgulloso estoy a cinco años de haber iniciado el Doble grado en Historia e Hª del Arte, en el que comento unas curiosas opiniones de la experta en arte contemporáneo Estrella de Diego Otero. Siendo una de las disciplinas artísticas que menos me interesaba a priori y que más prejuicios levanta a nivel general, la revindicación del 'arte pop' como una tendencia a tener en cuenta de cara a reflexionar sobre las aplicaciones de las artes plásticas en el ámbito social más popular. Espero que lo encontréis interesante.

viernes, 13 de marzo de 2020

En cuarentena 1x12: La saga del infinito (2ª parte)

15. Capitán América: El primer vengador (Joe Johnston, 2011)
En el umbral de la primera alineación vengadora se nos presenta esta pieza de acción bélica ambientada en la II Guerra Mundial, donde un joven tirillas con el que se sentirá identificado más de uno se somete a un experimento científico conocido como el "suero del supersoldado" (que nos debería sonar de la ya mentada El increíble Hulk) para ayudar a su país a equilibrar la balanza del conflicto, desarticulando el ala científica del ejército nazi conocida como HYDRA. Fácil y sencillo, para toda la familia. La premisa es una de las más simples y el protagonista uno de los más caricaturescos, un hombre recto, tradicional y líder nato... muchos se preguntarán cómo es que funciona tan bien.

jueves, 12 de marzo de 2020

En cuarentena 1x11: La cabra montesina

El otro día comentaba con mi abuelo lo poco acostumbradas que están las nuevas generaciones a escuchar un cuento antes de dormir. Lo peor no es que se olviden de tantísimos cuentos a los que hoy se tendría mejor acceso que nunca, sino que se pierdan siglos de tradición oral transmitidos de padres a hijos hasta haber dado con el obstáculo que están resultando ser las nuevas tecnologías. Y para hacer mi pequeña contribución, hoy os comparto la versión de mi abuelo Aurelio de un cuento que nos contaba todas las noches de verano en ese lugar mágico al que llamamos "la Finca": el cuento de la cabra montesina.

miércoles, 11 de marzo de 2020

En cuarentena 1x10: La saga del infinito (1ª parte)

El pasado lunes se estrenó en redes el último tráiler de Viuda Negra, entrega que inaugurará la cuarta fase del Universo Cinematográfico de Marvel (a partir de ahora, UCM). Si bien las ganas que tengo de ver esta película en concreto tras lo sucedido en Vengadores: Endgame son relativas, siempre me pone de buen humor saber que hay una nueva historia de Marvel Studios cercana para insuflar algo de emoción al cuerpo.
Me ha parecido motivo suficiente para dedicar las próximas entradas a posicionarme respecto a las películas que hasta ahora conforman el UCM, del cual por todos es sabido que soy un gran admirador. He de aclarar que no pretendo hacer una reseña exhaustiva de cada película, al menos no por el momento; simplemente expondré mi opinión bastante sintetizada de las 23 (desde Iron Man hasta Spiderman: Lejos de casa) que configuran la recientemente bautizada "Saga del Infinito". Uno de los motivos principales de que no quiera analizarlas a fondo es que, en términos muy generales, son productos que cinematográficamente no tienen demasiado que decir, al seguir una fórmula argumental similar y depender sólo relativamente del nombre que se ponga detrás de las cámaras, al ser estos más parecidos a los realizadores de las series de televisión que a la figura del director en el sentido estricto. Para que me entendáis, si usara en las pelis de Marvel la misma vara de medir que puedo emplear en Tiempos modernosEl Padrino Mulholland Drive (o, por citar películas más actuales, El gran hotel Budapest, 1917 o Jojo Rabbit) debo reconocer que no todas, por no decir pocas, pasarían el listón. Son composiciones con una intencionalidad completamente distinta, dedicadas las primeras a llegar a un público adulto con un mensaje más elaborado para dar de comer a los críticos, y las que hoy nos ocupan dentro de un formato más familiar, como parte del cine mainstream. Pero no seré yo quien diga cual de las dos vertientes tiene más mérito, he visto productos de gran calidad cinematográfica (en ámbitos como la fotografía, el montaje, el guion, la caracterización de época) que a mí, a mis padres o a mi grupo de amigos nos han podido resultar extremadamente aburridos, mientras otras películas de corte más palomitera que no tienen por qué decirnos más a priori... han terminado por emocionar a más de uno. Y si te emociona algo que la crítica denosta, ¿quién coño es Scorsese para decir qué es y qué no es cine?
Otro día entraré más en el barrizal de ese debate, por ahora os dejo este ranking que, como ya he dicho, expone solamente mi opinión. Es decir, no voy a evaluar la calidad de cada una (aunque, indudablemente, eso influya en su posición) sino la opinión que me genera al respecto; por lo que una película que me puede parecer mejor dirigida que el resto no tiene por qué estar en un puesto superior, así como otros largometrajes de menor calidad cinematográfica pueden estar mejor posicionados por el simple recuerdo del momento en que la vi por primera vez o las emociones que me logró transmitir. Sub-je-ti-vi-dad.
El aviso de SPOILERS me parece insultante a estas alturas, pero avisados quedáis. Dicho lo cual, dadle a la fanfarria y que entre el rótulo.

martes, 10 de marzo de 2020

En cuarentena 1x09: Cómo aprobé filosofía gracias a Los Miserables (2ª parte)

Aquí tenéis la continuación de la disertación sobre la peli de Los Miserables que, como ayer os comenté, fue la responsable de que aprobase filosofía en la convocatoria de septiembre de 1º de bachillerato. Que os aproveche, campeones.
Documento gráfico del día que fui con mis padres a ver el musical, aquí os dejo la reseña. Qué jóvenes...

lunes, 9 de marzo de 2020

En cuarentena 1x08: Cómo aprobé filosofía gracias a Los Miserables (1ª parte)

Releer el discurso de graduación este sábado me ha traído preciados y muy diversos recuerdos de mi etapa en el instituto, especialmente de los dos últimos años que con tanta presión oprimen al estudiante medio y tantísimas carcajadas nos supusieron a mis amigos y a mi. Expulsiones al pasillo, escaqueos para jugar en la nieve, partidas de cartas en plena clase y canciones de Bocelli a capella desde las últimas filas son solo un par de las muchas anécdotas que se me ocurren a vuelapluma sobre el bachillerato, y no he podido evitar rebuscar entre mis cuadernos de aquella época (donde asoman solo un par de hojas de apuntes entre letras de canciones, caricaturas de profesores, rankings de películas e interminables listas de Pokémon) para dar con la solución a una de las incógnitas que muchos de mis compañeros se plantearon allá por 2014: ¿cómo conseguí aprobar la asignatura de filosofía en 1º de bachiller?
Un martes cualquiera a cuarta hora, cumpliendo la rutina.
El drama inició con una simple mirada de complicidad, no tan inocente como insonora, entre mi buen amigo Zapico y un servidor. Las insoportables lecciones de filosofía que impartía aquel sujeto al que todos terminamos por coger cariño nos provocaba tal somnolencia que, con tal de no sucumbir al tedioso tono de voz que nos adoctrinaba, cualquier excusa era buena; pero lo cierto es que aquel día no nos dio por jugar al póquer ni tararear entre dientes el himno del F. C. Barcelona (historia que da para otra entrada), así que simplemente me di la vuelta y nos miramos con una expresión que, eso sí, no daba pie a malas interpretaciones: "qué coñazo". El simple gesto de volverme provocó nuestra expulsión al pasillo, donde pasaba tantas horas al día que ya había memorizado el número de baldosines y la frecuencia con que parpadeaban por minuto las luces del baño de los chicos (esos en los que, como intentaron censurar en mi discurso, no había váteres). Que por una vez me echasen acompañado, y encima de uno de mis mejores amigos, insufló en ambos la confianza suficiente para plantar cara al tirano y negarnos a hacer las tropecientas copias que nos mandaría entregar al día siguiente, con (a toro pasado) jocosas consecuencias: nos aseguró que, siendo bien conocedor de lo proclives que éramos a estudiar a última hora, era totalmente imposible que aprobásemos ese curso y haría todo lo que estuviera en su mano para procurarlo. Fue la excusa perfecta para no dar palo el resto del año lectivo, y limitar sus clases a estudiar los exámenes que tocaran la hora siguiente o sabotear dulcemente las clases de filosofía con fines meramente lúdicos (y sanitarios, pues desarrollar somnolencia crónica a los 16 años no puede ser bueno... todo fuera por el bien común).
Acabé presentándome en septiembre por mi negativa a seguirle el juego al susodicho, lo que tiene el orgullo... la cuestión es que el examen no era el único requisito para salvar la materia, y era necesario presentar una serie de trabajos respondiendo a cuestiones concretas de corte filosófica. En lugar de cumplir con el formulario estándar que proponían como modelo, decidí lanzarme a redactar una tesis de unas veinte páginas sobre la película musical que había marcado mi adolescencia hasta el punto de ser una canción de la misma la que interpreté sobre el escenario en la graduación, como os relataba el sábado: los Miserables. El contenido fue lo suficientemente enriquecedor como para plantarme, sin expectativas de ello, en un notable alto como media del expediente académico.
Me parece razón más que suficiente para presentaros, dividido en un par de entradas, el trabajo con el que realicé tan ardua tarea. No he vuelto a retocarlo desde aquel tiempo, por lo que ateneos a lo que buenamente redacté hace ya seis años. Con todos vosotros, mi anteproyecto de tesis sobre los Miserables.

domingo, 8 de marzo de 2020

En cuarentena 1x07: 11 de mayo de 2009

Como hoy es domingo me he tomado un pequeño descanso de reseñar películas mediocres y reivindicar viejas glorias para que no decaiga aquello de santificar las fiestas. Pero como os tengo cariño y no me apetece faltar a mi palabra, aquí tenéis la contribución diaria a la que no tengo intención de faltar, por el momento. Se trata de un fragmento de mi libro, ese con el que llevo mareando media vida y que le ha dado nombre al blog, y me ha parecido interesante hacerlo público por ser, aunque no intencionadamente, las primeras palabras que escribí de toda la novela.
Se trata de un pequeño diario que abrí con motivo de la muerte de mi abuela, de lo que en unos meses se cumplirán once años. A la hora de redactar el manuscrito, me pareció adecuado finalizar la primera de las tres partes que componen el libro con esta pequeña carta, en la que plasmo mis sentimientos como buenamente podía en un día que tanto ha significado para mi. Contaba con once añitos en el carné, así que sed clementes.

sábado, 7 de marzo de 2020

En cuarentena 1x06: Discurso de graduación

Estaba investigando la bandeja de entrada de mi correo electrónico en busca de buen material y me topé con uno de los primeros borradores del discurso que tuve a bien redactar para mi graduación de 2º de bachillerato, hace ya unos cuantos años. La historia es truculenta, porque una denostada profesora de ciencias lo criticó a mis espaldas diciendo que no era digno de unos alumnos de humanidades, lo cual me calentó bastante la cabeza... hasta el punto de publicar este manifiesto y hacerlo rular por los ordenadores del instituto. El caso es que todo aquello tuvo un final satisfactorio, pude dar el discurso que tenía preparado (colando de paso una canción de Los Miserables, como os lo cuento) y he querido compartirlo esta tarde con vosotros para que no quede olvidado. Allá que os va.

viernes, 6 de marzo de 2020

En cuarentena 1x05: El descenso de Skywalker (a los infiernos)

No creo que sea arriesgado afirmar que 2019 ha sido un año completo en cuanto a lo que nos ofrece la cultura pop: tres nuevas entregas del Universo Cinematográfico de Marvel, entre ellas la esperada conclusión de la milenaria Saga del Infinito; una última temporada de Juego de Tronos, serie que ha revolucionado por completo el panorama televisivo tal y como lo conocemos; el cuarto episodio de la única saga de Pixar que se puede permitir dar un golpe en la mesa con cada secuela, con la esperada y no menos rechazada Toy Story 4; la "opera nova" de Quentin Tarantino, Érase una vez en Hollywood, toda una elegía a la industria de los años 60 que muestra toda la pasión que el controvertido director siente por el séptimo arte; el renacer de Joaquin Phoenix como actor de culto con el Joker, película que a pocos ha dejado indiferente... y, para cerrar el ciclo, la última entrega de la franquicia por antonomasia del cine mainstream, que no sólo cierra una trilogía, sino toda una saga de nueve películas que diera comienzo allá por 1977 y se ha mantenido viva hasta nuestros días. Se trata de Star Wars: El ascenso de Skywalker, episodio noveno y último de la saga sobre la familia más importante de una galaxia muy, muy lejana.
Seré breve: la película ni me gustó ni esperaba que me gustara, pero superó con creces el abanico de vergüenza ajena al que esperaba exponerme en el producto que el inútil de J.J. Abrams, que físicamente parece un James Gunn de Hacendado, nos ofrecía en esta ocasión. Había asumido que, dadas las crudas revelaciones que mostraban los adelantos (por esa imperiosa manía de revelar medio argumento en el tráiler, todo sea dicho), asistir a la confirmación de que Jar Jar Binks era el auténtico enemigo a batir y líder indiscutible de los usuarios del lado oscuro de la Fuerza no me parecía del todo descabellado. Y ojalá hubiera sido así.
Revisando entradas antiguas me topé con un top 10 de cosas que no me habían gustado del capítulo final de El Hobbit, por lo que hoy os traigo en un mismo formato... espera, lo cierto es que si quisiera englobar en un ranking las cosas que no me han convencido de esta película un top 50 se me quedaría corto. Voy a tratar de ser un poco más general en esta ocasión, toca economizar palabras.
Por cierto, no tendré cuidado con los SPOILERS por una sencilla razón: os ahorraré el sufrimiento de tener que ver (o revisionar) la película.
Tranquilos, que también repartiremos al póster. Vaya tela.